Mi viejo rosal (N° 168)

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En ese rincón, al fondo del patio,
transcurre sus días junto al astro sol
y todas las noche la luna ilumina,
sus gratos pimpollos, con dedicación.
Allí tú te encuentras incólume, sublime…
entregando al viento, todo, tu esplendor,
muestras la belleza que, en tus raíces,
anidas, cultivas, con suma pasión.
Espinas protegen, fieles, tus beldades,
pero pocos ven, este, tu gran don,
pasan apurados, ausentes, cegados,
no sienten tu aroma, ni ven tu color.
Y aunque la belleza se halle en ti anclada,
solamente yo, sé lo que pasó…
Entregaste todo lo que en ti habitaba,
dejando tu esencia, siempre, en cada flor.
Y hoy que te observo se me cierra el pecho,
tu tierra reseca me causa aflicción,
donaste tus fuerzas cada nuevo parto
y a mí la pereza, por dentro invadió.
Fui tan egoísta… me pudo el desgano,
¡No regó mi mano ni un solo dolor!
Pero tú seguiste alegrando el día,
con el suave aroma… ¡de un pimpollo en flor!
13/09/2016
http://www.sercan455.wordpress.com
¡Mi viejo rosal!… ¡cuántos pimpollos entregaste el último año! Como embelleciste y perfumaste el patio de mi querida casa… ¡sin pedirte nada!…te entregaste todo y a mí el desgano, la pereza, las preocupaciones, ese año me pudieron.

2 comentarios en “Mi viejo rosal (N° 168)”

  1. Siempre comparo el acto de regar las flores con las relaciones de amistad. Tanto las flores como las amistades hay que regarlas a cada cierto tiempo, sino, por mucho que quieran florecer, pueden acabar marchitándose. !Que no falte ese agua y esos mimos!

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