Cuento (capitulo 1) (N° 263)

Les comento:  he comenzado a escribir un libro de cuentos y este es el primer capitulo, lo comparto con ustedes, espero de corazón lo disfruten como lo hago yo al transcribir cada linea.

Las travesuras de Iván
Iván el terrible, como le gustaba que lo llamen, era un niño de 12 años recién cumplidos, corría por sus venas la curiosidad y las ganas de divertirse que mueve a la mayoría de los niños de su edad, como así también la imprudencia, la falta de temor y por sobre todo las ganas de vivir, eran su motor. Su mediana estatura, su pelo rubio y sus ojos claros, llamaban la atención de la mayoría de las personas que tuvieron la suerte o desdicha de conocerlo (según como se mire), para muchos les parecía un ángel caído del cielo, sobre todo por su agradable sonrisa, que exaltaba aún más sus ojos verdes que todo lo penetraban,… pero cuando lo conocían era tan travieso y terrible que era muy semejante a un diablillo, más que a un ángel.
Sus amigos de correrías eran: Oscar, a quien también lo solían llamar el enano por su escasa altura, Pedro, que su cara era un muestrario de pecas (además de ser carne y uña con Iván), Gaby el gigantón del grupo, alias “el traga” (por lo estudioso) y Figurín, porque era tan, pero tan delgado, que parecía de costado una figurita.
Se habían conocido entre ellos desde niños en el campito, donde pasaban la mayoría de las horas, corriendo tras una pelota, o jugando a las carreras de bicicleta, remontando de vez en cuando un barrilete (si el tiempo acompañaba), o simplemente, se sentaban a la tardecita alrededor de una fogatita improvisada con yuyos secos y no tan secos, que los inspiraba, entre trago de gaseosa y masitas a proyectar las andanzas para el día siguiente.

Los secretos de la casa abandonada.

Como todas las tardes, la hora de la siesta era la elegida para salir sin que sus padres se dieran cuenta, a encontrarse con sus amigos. Ese día para Iván ¡era diferente!, es más, ya desde el día anterior había estado planeando con sus amigos la visita a la casa abandonada de calle libertador sur. Era grande la intriga que invadía a todos y aunque muchas veces ya habían planeado entrar, siempre alguna circunstancia fortuita, o casual los lleva a desistir; no sin antes superar las diferencias de opiniones, que cada uno de los integrantes de la banda expusiera.
Pero ese día todo pintaba desde sus comienzo distinto, a pesar de ser verano el sol no era agobiador, una suave brisa de viento sur había ido refrescando lentamente desde muy temprano el caserío de cemento, como así también sus calles, los arboles danzaban al compás de cada una de las ráfagas que con cariño, acariciaban sus ramas invitándolas a bailar con su fresca melodía.
Eran exactamente las 14 cuando Iván llegó a la esquina donde se encontraba la casa abandonada, dejó su bicicleta como siempre solía hacerlo, apoyada en uno de los árboles que como vigilantes se erguían custodiando el frente de la majestuosa casa, que en su época por lo que se veía ahora, a pesar de su gran deterioro, debió haber pertenecido a alguna de las importantes familias fundadoras del pueblo. Se sentó en el cordón con sus piernas sobre el asfalto, sus codos apoyados en las rodillas y sus manos sosteniendo el mentón, a esperar a sus cuatro compinches. A lo lejos vio venir a Figurín, su escuálida anatomía y su forma de caminar… como si cada paso que daba, le fuese pidiendo permiso al otro para arrancar, era sin dudas inconfundible. Pronto arribarían, Oscar, Pedro y Gaby, que sabían venir juntos ya que vivían casa de por medio y lo hacían en bici.
Cuando el reloj marco las 14:05 todo el grupo estaba ya reunido, depositaron las bicis, apoyándolas una sobre la otra en el tronco del árbol, sin cadenas, ni candados, ni nada, (era otra época) y ultimaron algunos detalles, para emprender con sigilosidad la tarea que de antemano hacía varios meses, les robaba el sueño… ¿qué escondía en su interior la casa abandonada? ¿Qué tesoros ocultos por años descubrirían? ¿Serian ciertas las versiones, que se comentaban en el pueblo? ¿O solo serían inventos y mitos de los parroquianos? Pronto lo descubrirían…
Figurín según lo planeado, se subiría a uno de los árboles ubicado sobre calle dante Alighieri, el que estaba justo frente a la vieja casa (para ocultarse de la vista de los vecinos y dar la alarma en caso de ser necesario) Gaby sobre calle Libertador sur, simularía estar esperando el colectivo en la garita, para vigilar desde allí cualquier anomalía.
Un tapial, rodeaba el patio de la casa protegiéndolo del exterior, ese era el mayor impedimento a vencer para poder entrar de una vez por todas y develar con sus propios ojos, los innumerables secretos que escondía la vivienda. El mismo, tenía una altura respetable, rondaba los 2.10mts aproximadamente, pero eso para Iván y su pandilla no sería impedimento, eran por así decirlo, expertos en trepar, correr, escalar y sortear cuanto obstáculo se les pusiera en el camino.
Tras varios intentos fallidos, lograron entrar y ya en el patio, más allá del yuyal que lo cubría, lo primero que observaron fue el imponente aljibe que se alzaba en el centro, una galería se extendía a lo largo de toda la pared oeste, cobijando aún bajo su techo corroído por los años, dos ventanales desvencijados y una enorme mampara cuyos vidrios y vitro los años y también algunos usurpadores, se habían encargado de destruir con palos y piedras.
La puerta de acceso ubicada en la mampara, se encontraba un tanto entornada, como invitando a los visitantes a traspasarla… el corazón de Iván y sus amigos, comenzó a latir tan fuerte que era como si se les fuese a salir del pecho, para cabalgar ya sin freno por la propiedad… y más se agitó aún, cuando el chirrido de las bisagras cubrió toscamente los silenciosos pasos que iban dando los integrantes de la pandilla.
Al trasponer la pesada puerta de hierro vidriada, los ojos de los tres jóvenes se abrieron como queriendo a la penumbra que envolvía la habitación, arrancarle de un solo vistazo mucho más de todo lo que allí se encontraba. Un par de viejos muebles, se hallaban esparcidos cubiertos por una fina capa de polvo, que en algunos casos hasta enmohecidos le daban un tinte verdoso húmedo y pintoresco, el piso de madera, por más que se esforzaban denotaba cada pasó que daban crujiendo al compás, las paredes mostraban escritos y perforaciones de los furibundos y erráticos, huéspedes que se había albergado (crotos, linyeras). Un viejo mueble de tres enormes puertas talladas, todavía presentaba en una de ellas, los restos de lo que fue un hermoso espejo con sus bordes biselados, como así también el polvillo anaranjado de los ladrillos, que habían sido lanzados para destrozarlo en mil pedazos.
Cuando pasaron a la habitación contigua, una espesa y extensa alfombra de color caqui, roída, desgastada, polvorienta y deshilachada, cubría gran parte de la habitación, dejando entre ver en sus pliegues, lo que ocultaba debajo, lo que ellos buscaban, lo que los había motivado a tomar semejante empresa y riesgos… sin pensarlo dos veces, pusieron manos a la obra, con un cortante fueron lentamente circundando la hendija marcada por el tiempo y que fielmente cubría hasta ese día la alfombra. Finalizada la tarea, corrieron el trozo de tela y allí se encontraba, la entrada al sótano, la que los guiaría a los tesoros que tan cuidadosamente por años había ocultado la casa, casi hasta enmudecer.
Lentamente, uno a uno fueron bajando con cautela, precaución y muchísima ansiedad, la linterna en las manos de Pedro que no dejaba de temblar, iba iluminando no lo que debía y si lo que podía, un desencolado arcón, ocupaba parte del centro del sótano, sosteniendo como si fuese un lujoso pendiente en sus herrajes para unirlos, un gigantesco e inviolable candado. Iván, miro a sus compañeros como escudriñándoles ¿ahora que hacemos? Fue justo en ese instante que un ruido ensordecedor, de grotescos y torpes pasos colmo el silencio, acompañado de una tos socarrona y una voz que los indagaba diciéndoles ¿Qué hacen ahí?, ¿Cómo entraron? ¿Quién les dio permiso? Hasta las paredes se quedaron mudas y perplejas, ¿Quién era? ¿Cómo Figurín y Gaby no habían dado el alerta? ¿Qué les había pasado? ¿Estarían vivos aún? No habían terminado de preguntarse esto, cuando en la cima de la escalera del sótano, apareció un hombre alto, de pelo cano, con mirada enrojecida, ceño fruncido, vestido de traje, que los miraba esperando una repuesta a su batallón de preguntas.
El primero en hablar, fue Pedro, que cayéndosele la linterna de la mano dijo, ¡uh se rompió!, ahora mi viejo me va a matar, Oscar, se agachó para darle una mano a recogerla susurrándole, no te hagas problema…ya la vamos arreglar después, Iván, aún continuaba mirándolo atónito al señor, logrando ver como los rasgos de su cara iban cambiando del enojo casi a una sonrisa, al tiempo que exclamaba, ah… son niños.
Les preguntó nuevamente ya en un tono más cordial ¿Qué hacían allí? Y los tres al unísono, le contestaron, que estaban ansiosos por develar las historias que se comentaban en el pueblo, y sobre todo por la del viejo arcón, repleto de joyas y tesoros invaluables, que nadie hasta el momento lo había podido hallar. Fue en ese instante, cuando una gran carcajada abandono la boca del misterioso interrogador, que acompañando su risa, descendió lentamente las escaleras hasta ubicarse frente a ellos, sin emitir palabras y mirando a los tres jóvenes ya no con mirada inquisidora pero si cómplice, hurgo en sus bolsillos con avidez, con ambas manos y su sonrisa volvió a cambiar, había encontrado lo que estaba buscando. Lentamente y como queriendo crearles expectativas, les mostró una enorme y brillosa llave, sin emitir palabra alguna, se dirigió al gigantesco candado y tras dos certeras vueltas hizo que el mismo abriera sus fauces, permitiendo ver las riquezas que guardaba en su interior.
Los tres jóvenes se atosigaron junto al viejo arcón, Clementino, que así resultó llamarse el personaje misterioso, ya con una mueca amable y compinche les dijo, vamos, con fuerza, abran de una vez por todas la tapa y veamos que tesoros guarda adentro este enorme baúl.
Lo demás ya es historia, Clementino Gomez Valdez como rezaba la tarjeta que les había entregado, les mostró todos los secretos que encerraba el viejo arcón y hasta les contó por qué pasó por la vieja casa, que había hecho que se detuviese y entrase (Las tres bicicletas apoyadas en el árbol) además les dijo, que estaba tratando de averiguar quiénes eran los que habían roto el hermoso espejo biselado, que otrora exhibía el mueble de la entrada, valuado en miles de pesos, por su tallado y su antigüedad y hasta les ofreció una recompensa si lograban averiguarlo, acompañando su gesto con la tarjeta de presentación para que pudiesen ubicarlo, giró sobre sus talones y se marchó por donde entró.
Transcurrido unos minutos y vueltos ya en sí, Oscar, Iván y Pedro, salieron corriendo a la calle a ver qué había pasado con sus otros amigos, de Figurín no había rastro alguno, mientras que Gaby seguía sentado en la garita ajeno a todo lo sucedido.
A la tardecita, ya en el campito fogatita por medio, gaseosa y bizcochos (como era la costumbre), los cinco amigos reunidos comentaban lo sucedido, a Figurín todavía le duraba el susto… pero dijo: cuando vi el enorme auto plateado detenerse frente a la casa, bajar de el al dueño enceguecido balbuceando, no hizo más que traspasar la puerta de entrada, para que me arroje del árbol sin pensarlo y corra calle abajo ya sin mirar atrás.
Gaby por su parte comentó: la verdad es que estuve ajeno a todo, me preocupó un tanto la demora, pero no quería moverme de mi lugar, no sea cosa que justo en ese momento sucediese un imprevisto.
Pedro, Iván y Oscar comentaron en forma escueta pero detallada… todos los secretos del baúl, no sin antes obligar a sus amigos a jurarles que nunca develarían lo allí guardado. Otro comentario fue el de las bicis, ¿cómo se les había escapado ese detalle en la planificación?
Ya caía la tarde, los rayos del sol fatigosamente como todos los días se iban ocultando en el horizonte, era tiempo de que regresaran a sus casas, pero antes debían planificar las andanzas para el día siguiente, entre las prioridades por supuesto, estaba incluida la ardua tarea investigativa para Clementino Gomez Valdez.

Algunas de las enseñanzas del día para el grupo:

a) Los mitos conllevan una parte de verdad, pero esta no siempre es, lo que las personas creen.
b) Todo plan, por más perfecto que este desarrollado tiene alguna falla.
c) La amistad, se demuestra en las buenas y en las malas.

 

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