La carneada (N° 433)

Como todos los años, ya tenía todo organizado para realizar la carneada, ¡este no sería la excepción!
La gran diferencia radicaba, que con el grupo de asado de los viernes no compartiría absolutamente ¡nada!
Los apreciaba, pero…, hacía ya varios años que le ponían excusas al momento de realizarla para darle una mano. Sentía que lo usaban, así que había decidido darles una lección.
La realizó casi solo, unos pocos familiares se acercaron a echarle una mano y al momento de marcharse recibieron una tira de chorizos, de los buenos, para ponerla a secar en su casa.
Casi a diario se daba una vuelta para admirar los salames, que como una cortina pendían de los tirantes del techo, en el galponcito del fondo, a unos escasos 20 metros de la casa paterna, ubicado sobre una leve loma que presentaba el campo. Este no era más que una habitación construida con ladrillos ya corroídos por los años asentados sobre barro, sin ventanas ni respiración alguna, piso de tierra, tirantes que habían sobrado cuando se techo la casa, chapas de zinc clavadas y con una imponente carga a todo su alrededor para evitar que los fuertes vientos de la zona las volaran, puerta de chapa sin cerradura, aunque un inviolable candado impedía su acceso.
Ese año el clima lo había favorecido como nunca. Los cuidaba con muchísimo recelo. Cada día que transcurría, se tornaban un tanto más rojizos, comenzaban a despedir ese inconfundible y característico aroma a salame de campo, cada vez que abría la puerta, salía disparado su olor que calaba al visitante hasta la médula, ¡que enorme placer le causaba continuar con esa tradición familiar!. Hasta la perrada (diez) alrededor del galponcito parecía que los cuidaba haciéndoles de centinela.
No dejaba de pensar ni un solo día como sería su venganza, saboreando ya de antemano su escarmiento. Estaba absolutamente convencido que nunca se olvidarían y que el próximo año, sin duda alguna todos lo vendrían a ayudar.
Los asados de los viernes continuaron su rutina como las agujas de un reloj, entre risas, cargadas y pechazos irónicos (de cuando estarían listos los salames) José, dándose por aludido, simplemente contestaba, “ya va a llegar”….
El viernes que iban a estar listos, había decidido ya de antemano, que se reunirían en el campo. Ya desde la tranquera se veían las llamas danzar sobre los leños, era una noche cálida y si bien no había bichos, el aire y la luna estaban como enrarecidos, traían aquerenciado leves vestigios que se avecinaba una tormenta, todo daba a suponer que sería a la madrugada, por lo que no había porqué preocuparse.
Uno a uno fueron llegando y previa pasada por el asador para echarle un vistazo a cómo iba marchando la cena, se fueron acomodando en su lugar.
Mientras esperaban, como era ya costumbre, contaron cuentos, hablaron de mujeres, jugaron al truco, bebieron y hasta mirándose unos a otros comentaron por lo bajo cuando José iba a controlar el asado, ¿qué pasaba que no había puesto nada de la carneada para picar?
Aparte de toda la bebida, (en cantidad y variedad) solo una bolsa extra grande abierta de maníes, era lo único que lucía sobre la mesa.
Para la hora del asado, José ya había hecho la previa y el trasnoche juntos. Aunque no se lo veía tan mal… sus cachetes estaban rojos como un sol, su nariz ya de por si colorada, era lo más parecido a una bragueta de ladrillero, su mirada, encendida (por el fuego y lo bebido), su boina pendía de la cabeza un tanto cruzada y el pañuelo atado al cuello desarreglado, denotaba a esa altura su estado.
El festejo lo había comenzado desde temprano, ni bien el sol comenzó a caer, la satisfacción de que había llegado el día tan ansiado, lo tenía un tanto alterado. El imaginar la cara que pondrían los amigos cuando los llevara al galponcito a enséñales la carneada ya lista para consumir y no darles ni un bocado de probar, lo llenaba de una grata y merecida satisfacción. ¡Sí o sí! Esa vez aprenderían la lección.
Casi a la medianoche la cena había concluido, prácticamente ya estaba todo acomodado como era la costumbre y la brisa anunciando lluvia se sentía más, las copas de los árboles se agitan golpeándose entre sí y cada tanto exhalaban un fuerte crujido a ramas rotas, fue en ese preciso instante que Juan preguntó (no se iba a quedar con la duda seguro)” ¡Che José!… ¿qué paso con la carneada? ¿Todavía no está?”
Había llegado la hora, el momento esperado, apretando los dientes y frunciendo un tanto el ceño como para disimular su alegría interior contestó, “sí, ¡ya está lista! vengan que les enseño…”.
Tomó las llaves del llavero y con paso no tan firme por lo bebido, sin más, se dirigió hacia el galponcito. Marchaban como si fuese una procesión. La perrada, un tanto despabilada por la aproximación de la tormenta, al escuchar el bullicio, y los pasos, comenzó a ladrar sin parar, (se alentaban y envalentonaban unos con otros). Fue un grito certero de José quien los calmó, “¡cucha perro!”
Con un poco de dificultad, logro meter la llave en el candado, abrió la puerta y el aire se inundó del exquisito aroma, más de uno a pesar de estar satisfecho, le hubiese hincado el diente. Cuando prendió las luces… parecía un estadio de futbol, (había cuidado de todos los detalles al dedillo) allí, frente a ellos, se toparon con una muralla de chorizos, parecían pintados, torneados, todos igualitos, con ese color rojo y un tanto blanquecinos, que dan la señal ¡que ya están!
En ese momento, acomodándose la gorra, tomándose ambas manos, frotándolas y tratando de poner voz clara y calma, les dijo… “eh decidido no compartir ni un solo chorizo con ustedes, me he sentido defraudado, años que nos conocemos, que vienen, se sientan y disfrutan de la carneada que con mucho esfuerzo realizo, ninguno se ha acercado a darme una mano, siempre ponen excusas, por lo tanto decidí no compartir nada, yo solo la disfrutaré, espero sirva de lección y el año próximo dejen de pensar solo en ustedes y vengan a ayudarme”
Dicho esto, apagó la luz y un tanto tambaleante, regreso a la casa rodeado de los amigos.
La despedida fue un poco extraña, entre ¿adónde toca el próximo viernes? y tenés razón… pero…
José, se fue a dormir satisfecho, creía haber logrado darles un escarmiento, estaba convencido que de ahora en más no volvería a suceder.
La tormenta hizo su arribo alrededor de las dos de la mañana, entre dormido y aún con la resaca del alcohol, oía a los perros ladrando a mansalva en el patio, se estiró, esbozó una sonrisa recordando lo sucedido, soñó con la panzada que se daría al mediodía, se tapó bien y escuchando las gotas de lluvia caer y rodar sobre el techo de zinc, se dejó atrapar por las colchas y las sabanas.
Se despertó alrededor de las 10, todavía llovía copiosamente, se sentía ¡feliz, pleno!, una alegría interior lo invadía, hacía rato que no se sentía tan bien. Se asomó a la ventana y el camino de acceso a la casa, estaba bastante barroso (llovió mucho, pensó para sus adentros). De repente, el alma se le fue del cuerpo, agudizo la mirada como para poder ver más allá de lo que veía, sus manos se dirigieron inconscientemente hacia su sien y un grito entre puteada y desesperación quedó ahogado en su garganta. No podía creer lo que estaba viendo… ¡la puerta del galponcito abierta de par en par! (no salía de su asombró), la perrada saboreando, engulléndose, peleándose y revolcándose por el barro, con todas las tiras de chorizos de aquí para allá.
Recordó en ese instante que, entre la ansiedad de verles la cara que pondrían, el festejo desde hora temprana (que había hecho su efecto) cuando arrimó la puerta, olvidó poner el candado-
Mientras la perrada tranquilamente se calmaba con el banquete, él sentía que por dentro, irónicamente,  se le despertaba toda la perrada junta
                                                                                                                                          19/08/219
http://www.sercan455.wordpress.com
Tarea taller literario sobre: “la ironía”

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s