¡Se busca! (N° 435)

Hacemos un llamado a la solidaridad, se busca… ¡jovencita! pelo largo castaño claro, ojos verdes, altura 1,65mts aproximadamente, contextura delgada, veintidós años. Vestía pollera blanca, camisa roja, sandalias negras clásicas. Desapareció ayer a la mañana en el trayecto entre pueblo chico y los maizales. Cualquier información dirigirse a la comisaria de pueblo chico o al 0800 333444221.
Era la tercera vez que daban el anuncio radial desde que había salido de San Palcho. La rutina diaria de trabajo, lo lleva a recorrer diariamente los ciento treinta kilómetros que lo separaban del mismo.
En los últimos meses, casi año y medio habían desaparecido ocho jóvenes sin dejar rastro alguno, en los pueblos a la vera de esa ruta provincial. Se van del hogar se dijo, huyen del infierno en que han nacido, buscan nuevas experiencias… Aceleró un tanto su BMW, reclino el asiento un poco más hacia atrás, subió el volumen de la radio, el sol que asomaba espléndido anunciaba un hermoso día.
Disfrutaba de conducir su nuevo auto, rojo sangre lo había pedido y así, se lo entregaron, tapizado de cuero negro (para que su limpieza sea más fácil) tablero y laterales de las puertas en madera caoba, cierre centralizado operado únicamente por el conductor, como así también los levantavidrios eléctricos, baúl grande, caja semi automática, frenos abs en las cuatro ruedas, neumáticos runflat, seis airbag, etc, etc. Antes de recibirlo, había pedido a la agencia que le colocaran el polarizado en los vidrios, el tono más oscuro (el aire acondicionado tendría así un mejor rendimiento)
La ruta era prácticamente nueva, bien delineada, la cartelería daba la información precisa y necesaria. No había radares, por lo que podía disfrutar aún más de su vehículo. Los neumáticos, al tomar las curvas desprendían su ya conocido chirrido, disfrutaba el riesgo de conducir a alta velocidad.
Que expresión pondrían sus colegas en el sanatorio, cuando lo viesen llegar con auto nuevo. No había comentado nada, sería el bocadillo de boca en boca del día. Le gustaba que dijesen que era excéntrico, ermitaño, que supiesen poco por no decir nada de él, salvo su domicilio y que era soltero… Se miró al espejo retrovisor, se ordenó con la mano un tanto el pelo, se dijo para sí… me quedan bien la gafas oscuras, abrió la boca testeando la blancura de sus dientes, que por el broceado de su piel, lucían aún más, se sentía pleno, las manos un tanto inquietas, la inacción lo mantenía un poco ansioso se dijo, mientras deslizaba jugando entre sus dedos, de mano en mano, casi sistemáticamente, un grueso cordón rojo.
La radio volvió a repetir como un disco rayado el pedido de informe sobre el paradero de la joven desaparecida…
Miró el cielo, una banda de aves lo cruzaba rítmicamente, como si estuviesen haciendo una coreografía juntas. Dos líneas blancas, paralelas, desdibujadas, en lo alto del firmamento, se iban esfumando lentamente, al avión, no lo pudo ver. Las pocas nubes que ocupaban el cielo formaban diferentes figuras arrastradas por el viento.
La hora en el tablero le indicaba que como de costumbre, venía con suficiente tiempo. Le gustaba llegar a horario y además podía sobreponerse a cualquier imprevisto que pudiese suceder.
El asfalto aun húmedo por el rocío de la noche seguía nutriendo los sembrados, ese año los maizales a la vera del camino formaban una muralla, se comentaba que en algunas zonas la cosecha era record. Habían trabajado muy duro tratando de exterminar la plaga de loros, que durante muchos años los azoto, arruinando gran parte de los sembradíos y ahora veían sus frutos. Los trigales a punto de cosechar, movidos por una suave brisa semejaban un inmenso mar ondulante. A lo lejos podía ver las aspas de los molinos girar incesantemente junto al caserío. Toda la zona eran extensos latifundios de unos pocos y la principal actividad, la siembra.
Disminuyó un tanto la velocidad al tomar la curva que precedía a la entrada de “Los maizales”, pero a pesar que la máxima era de sesenta el continuó su marcha a cien. Fue recién a mil metros antes de cruzar las vías del ferrocarril, que detuvo prácticamente el vehículo, para continuar luego intempestivamente su camino.
La radio volvía a repetir una vez más como un disco rayado, el pedido de informe sobre el paradero de la joven desaparecida…
Juventud perdida pensó, mientras bajaba la visera evitando que el sol lo encandilara, divisando a lo lejos la silueta de una joven haciendo dedo. Aminoró un tanto la velocidad, guardó con sutileza el cordón que llevaba entre sus manos en la guantera de la puerta y detuvo su marcha unos diez o quince metros más adelante de donde se encontraba la joven. Por el espejo retrovisor la observó acercarse bamboleando sus caderas, una minifalda blanca mostraba sus torneadas piernas, que exhibían unas preciosas sandalias negras, una camisa roja un tanto entallada, marcaba su exuberante busto, y un pañuelo atado al cuello, mantenía oculto, lo que los botones desprendidos pretendían mostrar. Una larga cabellera ondulante cubría sus hombros, una cartera de mano haciendo juego con su maletín (animal print) la acompañaban.
¡Buen día! ¿a dónde te diriges?-
¡Hola buen día! al próximo pueblo, me espera mi novio.-
Ok, sube, te acerco. Voy para allá, le dijo mientras destrababa la puerta.
Tomó asiento, se colocó el cinturón de seguridad y acomodándose un tanto la cabellera le dijo, “me llamo Lucy” ¿y tú?
“Jorge”.- respondió mientras trababa las puertas y apartaba la mirada de su minifalda, para recorrer su camisa, hasta el punto donde los botones continuaban desprendidos. La miró a la cara notando que lo estaba observando y vió dibujarse una leve sonrisa en sus comisuras, mientras con su mano derecha abrochaba uno de los botones.
¡Hermoso día! le dijo mientras la radio volvía a difundir el llamado de solidaridad.
La miró fijamente y contesto “hermoso día” si algún día he de morir desearía que fuese así.
Lucy se sintió aterrada por el comentario y hurgó en su cartera buscando algo. Sacó una tira de chicles y le convidó.
El aceleró bruscamente mientras posaba la mano derecha sobre su rodilla y de forma suave la dirigía hacia la entrepierna. Ella mirándolo fijamente, muda de miedo, sentía cómo su mano se acercaba a sus partes más íntimas y pensó… que gran error había cometido al hacer dedo, aferró su cartera con ambas manos, cuando lo vio extraer con su izquierda de la guantera el grueso cordón rojo y sonreír sádicamente. Quiso gritar, pero sintió que se le oprimía el cuello, sentía desvanecerse, volteó los ojos y con destreza maestra le incoó en la yugular la tijera que llevaba en la cartera.
Descendió del auto, Jorge tenía aún las dos manos sujetas al volante, el cordón rojo había caído sobre sus rodillas, el tapizado estaba bañado de sangre. Menos mal que es cuero y se puede lavar pensó, mientras se alejaba acomodándose su larga cabellera, cartera al hombro, con una sonrisa del deber cumplido.
Por enésima vez la radio repetía… Hacemos un llamado a la solidaridad, se busca… ¡jovencita! pelo largo castaño claro, ojos verdes, altura 1,65mts aproximadamente, contextura delgada, veintidós años. Vestía pollera blanca, camisa roja, sandalias negras clásicas. Desapareció ayer a la mañana en el trayecto entre pueblo chico y los maizales. Cualquier información dirigirse a la comisaria de pueblo chico o al 0800 333444221
                                                                                                                                    28/09/2019
                                                  http://www.sercan455.wordpress.com
Tarea taller literario tema: “hacer dedo”

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