Soltar… (N° 483)

He besado rosas, con miles espinas
y escalé montañas aunque me dolía,
superé ofensas que puentes destruían,
por buscar la unión que mi Dios pedía.
Recorrí caminos que a nada conducían
y volví mis pasos con triste hidalguía,
descollé mil gritos donde mi eco oía,
para recordar la soledad amiga.
Embebí mis ojos de lágrimas mordidas,
que mares por dentro regaron de ira,
el eterno yunque en que abatí a mis penas,
la fragua del tiempo borró sus condenas.
Desgarré del cielo ofensas de años,
férreos barriletes cargaron engaños,
sepulté en abismos lo que adentro ardía,
las lluvias y el tiempo han de traer armonía.
                                                          19/04/2020
http://www.sercan455.wordpress.com
Aferrarnos en la vida a las ofensas, las caídas, las broncas, los desengaños. Sólo nos traerá más tristeza, desolación. Llega un momento que hay que soltar y aferrarnos a lo que verdaderamente vale la pena… “Disfrutar de nuestro paso por la vida”

9 comentarios en “Soltar… (N° 483)”

  1. Es verdad. A veces cuesta demasiado. Soltar. Cuando logras hacerlo te sientes libre.
    Y te das cuenta que puedes lograr muchas cosas positivas y que no vale desperdiciar un minuto de nuestra vida cargando a cuestas todo aquello que daña nuestro corazón.
    Me ha gustado mucho lo que escribiste. Y me parece muy bueno para todos.
    Un abrazo fuerte amigo Sergio.
    Gracias.

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    1. Así es…da la impresión de que nos comportamos como masoquistas. Nos cuesta mucho soltar, a veces para no herir, a veces por que se es demasiado tímido, o bueno, o respetuoso. En fin la verdad es como bien dices cuando lo logras te sientes pleno y libre. Gracias por comentar amiga. Abrazos y otra vez: recuerda cuidarte.

      Le gusta a 1 persona

  2. Soltar… muchas veces me he propuesto dejar ir todo ese dolor que se convierte en veneno para mi sangre y mi alma.
    He hecho terapias, he leído textos de autoayuda…
    Me propongo muchas veces cuando algún recuerdo me asalta y me duele.
    Me resulta difícil Sergio, hay ciertas cosas en la vida que han dejado terribles cicatrices y sé que viviría más feliz sin mirarlas.
    Me encanta la bondad que imprimes querido amigo.
    Recibe mi abrazo🌹

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    1. Si Ivonne es así. Tal cuál lo describes, uno trata de soltar pero los recuerdos asaltan, la herida vuelve a sangrar. En mí caso particular e recurrido a la iglesia, me he acercado a Dios, he tratado y trato de poner todo mi dolor en sus manos. Me confesé y en la eucaristía encontré un poco de calma. El dolor cuando los recuerdos invaden es diferente, se sienten distintos. Duele, pero ya la herida no sangra, no está abierta. Abrazo amiga y cuídate.

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      1. Yo también hablo con Dios Sergio, lo hago a mí manera, mi confesión con él es directa.
        Cuando era jovencita sentí vocación y quise hacerme monja carmelita, cambié de colegio y otras monjas me arrancaron la fe de cuajo.
        Ahora a la iglesia como institución la veo de forma distinta, pero Dios sigue presente en mi vida.
        Lo único que tal vez, muchas veces me olvido de pedirle con más fervor las cosas.
        Gracias por recordarme que hay caminos.
        Un abrazo amigo mío.

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